miércoles, 2 de junio de 2010

"A los niños"


MIS DERECHOS TRAS LA MUERTE DE UN SER QUERIDO



1. Tengo derecho a tener mis sentimientos por la muerte de un ser querido


Puedo enfadarme, sentirme triste o solo/a. Puedo tener miedo. Puedo sentirme insensible a lo que me rodea, o a veces, pudo no sentir nada en absoluto. Nadie sentirá exactamente lo mismo que yo.



2. Tengo derecho a hablar de mi dolor siempre que tenga ganas


Cuando necesite hablar, encontraré a alguien que me escuche y me quiera. Cuando no quiera hablar, no pasa nada; también estará bien.



3. Tengo derecho a expresar los sentimientos a mi manera


Cuando los niños sufren, les gusta jugar para sentirse mejor durante un rato. Puedo jugar y reírme. También puedo enfadarme y portarme mal. Esto no quiere decir que sea malo/a, sino que tengo sentimientos que me asustan y que necesito que me ayuden.


4. Tengo derecho a que los demás me ayuden a sobrellevar el dolor


Especialmente los adultos que me quieren. Básicamente necesito que presten atención a lo que siento y lo que digo, y que me quieran pase lo que pase.



5. Tengo derecho a disgustarme con los problemas normales y cotidianos


A veces puedo estar de mal humor y puedo tener problemas en las relaciones.



6. Tengo derecho a sufrir oleadas de dolor


Las oleadas de dolor son sentimientos de tristeza repentinos e inesperados que a veces me invaden, incluso mucho tiempo después de la muerte de una persona. Estos sentimientos pueden ser muy fuertes e incluso pueden dar miedo. Cuando me siento así a lo mejor tengo miedo de estar solo/a.



7. Tengo derecho a utilizar mi fe en Dios para encontrarme mejor


Puede que rezar me haga sentir mejor y, de algún modo, más cerca de la persona que ha muerto



8. Tengo derecho a preguntarme por qué ha muerto la persona querida


Sin embargo, si no encuentro una respuesta, no pasa nada. Las preguntas sobre la vida y la muerte son las más difíciles de contestar.



9. Tengo derecho a recordar a la persona que ha muerto y hablar de ella


En unas ocasiones, los recuerdos serán alegres y en otras tristes. Sea como sea, los recuerdos me ayudan a mantener vivo mi amor por la persona que ha muerto.



10. Tengo derecho a seguir adelante y, con el tiempo sentirme bien


Viviré una vida feliz, pero la vida y la muerte de la persona que ha muerto siempre formarán parte de mí. Siempre la echaré de menos.


Importante: Atencion con esto mamis!!!

Estar atentos a la aparición de algunos signos de alerta:

· Llorar en exceso durante periodos prolongados

· Rabietas frecuentes y prolongadas

· Apatía e insensibilidad

· Periodo prolongado durante el cual el niño pierde interés por los amigos y por las actividades que solían gustarle

· Frecuentes pesadillas y problemas de sueño

· Pérdida de apetito y de peso

· Miedo de quedarse solo

· Comportamiento infantil (hacerse del baño, hablar como un bebé, pedir comida a menudo…) durante tiempo prolongado

· Frecuentes dolores de cabeza solos o acompañados de otras dolencias físicas

· Imitación excesiva de la persona fallecida, expresiones repetidas del deseo de reencontrarse con el fallecido

· Cambios importantes en el rendimiento escolar o negativa de ir a la escuela

Tener en cuenta las actitudes que no ayudan:

· No le digas que le comprendes si no has pasado por una situación similar.

· No intentes buscar una justificación a lo que ha ocurrido.

· No te empeñes en animarle/a o tranquilizarle/a. Posiblemente lo que necesita sólo es que le escuches.

· No le quites importancia a lo que ha sucedido hablándole de lo que todavía le queda.

· No intentes hacerle ver las ventajas de una nueva etapa en su vida. No es el momento.

· No dejar que se des ahogue

· No expresar el dolor, la tristeza, la rabia, el miedo…por la muerte de un ser querido, pues esto suele ayudar a elaborar el duelo.

· Estás equivocado/a si piensas que verle o dejarle llorar y emocionarse no sirve más que para añadir más dolor al dolor.

· Estas equivocado/a si crees que ayudar a alguien que sufre es distraerle de su dolor. Mediante la vivencia y expresión de los sentimientos, la persona en duelo suele sentirse aliviada y liberada.

· No temas nombrar y hablar de la persona fallecida por miedo a que se emocione. Si llora, no tienes que decir o hacer nada especial, lo que más necesita en esos momentos es tu presencia, tu cercanía, tu compañía y tu afecto.

· No temas tu mismo llorar o emocionarte. No hay nada malo en mostrar tu pena, en mostrar que a ti también te afecta lo que ha pasado, en mostrar que te duele ver a tu amigo/a o familiar en esa situación.

· No permitir que hable del ser querido que ha muerto

· No permitir que hable todo el tiempo y todas las veces que lo necesite

¿Como ven la muerte los niños mayores de seis años?

Los niños de entre seis y nueve años comienzan a pensar más como los adultos acerca de la muerte, pero todavía no pueden imaginarse que ellos o alguien que ellos conozcan puedan morir. Los niños de estas edades saben que la muerte es permanente y real.

La negación

Una respuesta muy común es negar que la muerte haya ocurrido. Es su negación pueden mostrarse muy agresivos. Algunos pueden mostrarse más contentos y juguetones que de costumbre, como si la pérdida nos les hubiera afectado. Los adultos pueden malinterpretar esta conducta y reaccionar con cólera o simplemente ignorar a los niños. Pero en realidad esta negación indica que los niños sienten un dolor tan profundo que intenta levantar un muro para que la muerte no les afecte.

Estos niños necesitan oportunidades para llorar la pérdida y es posible que también necesiten permiso para hacerlo. Se puede decir algo como: "No tienes que mostrar tu tristeza a todo el mundo, pero si quieres puedes compartirla conmigo. Si tienes ganas de llorar y estar triste a solas, me parece muy bien, pero después de estar así durante un rato, sería bueno que hablaras con alguien de cómo te sientes.

La idealización

Insistir en que "mamá era la persona más lista o perfecta del mundo", por ejemplo, les permite mantener una relación imaginaria con la persona fallecida.

La culpabilidad

Es una respuesta normal, sobre todo si no pueden expresar la tristeza que sienten. Comentarios en vida como "vas a matarme", pueden hacer creer al niño que su mala conducta ha contribuido a la muerte.

Si además la niegan y fingen ser valientes como parte de la negación, los adultos pueden aumentar el sentimiento de culpa al corregirlo o enojarse con él al parecer que la muerte no le importe.

A los niños que se obstinan en negar la muerte y no dejan de sentirse culpables, es difícil que superen la situación sin ayuda.

El miedo y la vulnerabilidad

Es normal que los niños de estas edades se sientan asustados y vulnerables. Intentan ocultar sus sentimientos, sobre todo a los niños de su edad, porque no quieren que sus amigos o compañeros de la escuela los consideren "diferentes". Los niños sobre todo pueden actuar con bravuconería o agresividad.

Se ocupan de los demás

Pueden asumir el papel del fallecido y cuidar de sus hermanos más pequeños o asumir tareas que antes realizaba el padre o la madre que ha muerto.

Buscan a la persona que ha muerto

Pueden ir de una habitación a otra, o buscarla en el desván o en el sótano. la mejor respuesta es dejar que sigan buscando. Les puede consolar saber que nosotros también a veces sentimos el deseo de hacerlo.

Mantenerse física y emocionalmente cerca del niño

Permitirle estar cerca, sentarse a su lado, sostenerlo en brazos, abrazarlo, escucharle, llorar con él…Podemos también dejar que duerma cerca, aunque mejor en distinta cama.

Puede ser adecuado también buscar momentos para estar separados: dejarle sólo en su habitación, dejarle salir a jugar con un amigo… Si es necesario, tranquilizarle diciéndole que estaremos ahí por si nos necesita.

El niño intuye enseguida que la muerte va a tener muchas consecuencias en la familia. Es bueno decirle que, aunque estamos muy tristes por lo ocurrido, vamos a seguir ocupándonos de él lo mejor posible.

El niño puede temer también ser abandonado por el familiar sobreviviente. Asegurarle que, aunque está muy afectado por la pérdida, se encuentra bien y no le va a pasar lo mismo.

Con frecuencia, lo que más ayuda a los niños frente a las pérdidas, es reencontrar el ritmo cotidiano de sus actividades: el colegio, sus amigos, sus juegos familiares, las personas que quiere. También es importante garantizarle el máximo de estabilidad posible. En este sentido no es un buen momento, por ejemplo, para cambiarlo de colegio o para imponerle nuevas exigencias (S. Weis) Asegurarles que vamos a seguir queriendo a la persona fallecida y que nunca la olvidaremos

A la conmoción y a la confusión que sufre el niño que ha perdido un abuelo o alguno de sus padres se le añade la falta de atención adecuada de otros familiares que lloran esa misma muerte y que no pueden asumir adecuadamente la responsabilidad de cuidar al niño.

Los padres deben de estar conscientes de cuáles son las reacciones normales de los niños ante la muerte de un familiar, así como de las señales que indican que el niño está teniendo dificultad enfrentándose a la pena.

De acuerdo a los psiquiatras de niños y adolescentes, es normal que durante las semanas siguientes a la muerte algunos niños sientan una tristeza profunda o que persistan en creer que el ser querido continúa vivo.

Sin embargo, la negación a largo plazo a admitir que la muerte ocurrió, o el evitar las demostraciones de tristeza, no es saludable y puede resultar en problemas más severos en el futuro...

Una vez que el niño acepta la muerte, es normal que manifieste su tristeza de vez en cuando a través de un largo período de tiempo, a veces en momentos inesperados. Sus parientes deben pasar todo el tiempo posible con el niño y hacerle saber bien claro que tiene permiso para manifestar sus sentimientos libre y abiertamente.

Si la persona muerta era esencial para la estabilidad del mundo del niño, la ira es una reacción natural. Esta ira se puede manifestar en juegos violentos, pesadillas, irritabilidad o en una variedad de otros comportamientos. A menudo el niño mostrará enojo hacia los miembros sobrevivientes de la familia.

"Las reacciones de los niños de 2 a 5 años"

Los niños de edad pre-escolar creen que la muerte es temporaria y reversible; esta creencia está reforzada por los personajes de dibujos animados que se "mueren" y "reviven" otra vez. Será pues necesario ser pacientes para explicarle una y otra vez lo ocurrido y lo que significa la muerte. Es su mente, la persona que ha muerto sigue comiendo, respirando y existiendo, y se despertará en algún momento para volver a llevar una vida completa.

Los niños más pequeños creen que ellos son la causa de lo que sucede a su alrededor. El pequeño puede creer que su papá, abuelito, hermano o hermana se murió porque él una vez "deseó" que se muriera. El niño se siente culpable porque cree que su deseo se "realizó".

Los niños en su fantasía pueden creer que algo que pensaron, dijeron o hicieron causó la muerte. Si un niño dice: "me hubiera gustado ser más bueno con mamá, así ella no habría muerto", debemos decirle con calma pero con firmeza que no ha sido culpa suya.

Los niños de estas edades se toman todo al pie de la letra. Es mejor pues decir que ha muerto, que usar expresiones como "se ha ido", "lo hemos perdido" (pueden pensar: ¿y si me pierdo yo y no se volver a casa?), "ha desaparecido", "se ha quedado dormido para siempre" (pueden temer no poder despertarse), "se ha marchado de viaje", "Dios se lo ha llevado”... Estas expresiones pueden alimentar su miedo a morir o ser abandonados, y crear más ansiedad y confusión.

Para que el niño entienda qué es la muerte, suele ser útil hacer referencia a los muchos momentos de la vida cotidiana donde la muerte está presente: en la naturaleza, muerte de animales...

Algunas respuestas habituales en los niños de 2 a 5 años:

Perplejidad

Parecen totalmente confusos sobre lo que ha ocurrido o se niegan a creerlo. Es posible que pregunten reiterativamente: "Dónde está papá?". Desean saber cuándo va a volver la persona fallecida, o la buscan activamente.

Regresión

Se pegan al padre superviviente, se quejan, se hacen pipí en la cama, piden un biberón, se chupan el dedo...

Ambivalencia

A algunos niños parece no afectarles en absoluto la muerte. Responden ante la noticia con preguntas o afirmaciones inadecuadas. Aunque sea una reacción desconcertante, es bastante común. Significa que no ha aceptado o afrontado la muerte, pero comprende lo que ha sucedido. Lo más habitual, es que el niño elabore el duelo alternando fases de preguntas y expresión emocional, con intervalos en que no menciona para nada el asunto.

Suele sentir rabia y enfado por haber sido abandonado, y puede expresarla de muchas maneras: irritabilidad, pesadillas, juegos ruidosos, travesuras…Es frecuente que dirijan el enfado hacia un familiar cercano. Permitirle que saque la rabia gritando, corriendo, saltando, golpeando con cojines, por ejemplo…

Expresan su dolor a través de los juegos

Con sus compañeros y amigos pueden jugar a morirse, al entierro…Todos estos comportamientos son absolutamente normales y tienen que ser respetados como necesarios para que el niño realice de forma adecuada el duelo.

Toman a sus padres como modelo

No es malo que los niños vean el dolor y la tristeza. No hay que tener miedo de mostrar los propios sentimientos delante del niño (excepto manifestaciones violentas de rabia y dolor). Cuando mostramos lo que sentimos, el niño nos percibe más cercanos, y es más fácil que nos diga el también, lo que le está pasando.

Un padre o una madre que no se inmute después de una muerte para no entristecer a sus hijos, puede hacer que éstos "congelen" sus emociones. O si muestra cólera, un dolor extremo o una conducta histérica, su hijo puede imitar este comportamiento.

Miedo a morir u a otra pérdida

Los niños más pequeños creen que la muerte es contagiosa y pueden pensar que pronto le llegará su turno. Explicarles que no tienen nada que temer.

Les preocupa que el padre o la madre superviviente también les abandone. Se preguntan qué les ocurriría y cómo sobrevivirían.

Establecen vínculos afectivos

Aunque el niño sepa que su ser querido ha muerto, siente necesidad de seguir manteniendo una relación afectiva, y así, la persona fallecida puede por un tiempo convertirse en un padre o madre imaginario. En algunos casos, podemos ayudar al niño dándole algún objeto personal del fallecido, que este conserve como un recuerdo precioso y una forma de unión íntima con él.

El niño puede establecer vínculos afectivos con otros adultos que se parezcan al difunto o tengan unas cualidades similares (un familiar, la maestra, el psicólogo...) y pedirles que sean su padre o su madre. Esta conducta es bastante común y no significa que el padre superviviente no satisfaga las necesidades del niño.

Comprueban la realidad

Al principio es posible que parezca y saben y aceptan lo que ha ocurrido, pero después, al cabo de varias semanas o meses, preguntan cuándo volverá o lo buscan por la casa

"¿Que hacer con el niño?"

No es sino hasta un momento entre los cinco y siete años que la mayoría de los niños entiende que la muerte es irreversible, que la persona, animal o flor muerta no puede volver a la vida. Alrededor de la misma edad, los niños entienden otros dos conceptos importantes acerca de la muerte: primero, que es universal, es decir todas las cosas vivas mueren y por ende inevitable, y segundo, que una persona muerta es no funcional.

Antes de esto, los niños creen que cierto grupo de personas (maestros, padres y niños) no mueren, que una persona que es lo bastante lista o afortunada puede evitar la muerte y que ellos mismos podrán vivir para siempre. Los conceptos de irreversibilidad, universalidad y cese de las funciones por lo general se desarrollan en el momento en que, de acuerdo con Piaget, los niños avanzan del pensamiento preoperacional al de las operaciones concretas.

Los niños pueden ser ayudados a entender la muerte si se les introduce elconcepto a una edad temprana y se les alienta a hablar de ella. La muerte de una mascota proporciona una oportunidad natural para ayudar a explicarle al niño este proceso.

Los padres y otros adultos pueden ayudar a los niños a manejar el duelo al concientizarlos de que la muerte es final e inevitable. Es útil hacer tan pocos cambios como sea posible en el ambiente, las relaciones y las actividades diarias del niño; responder las preguntas de manera sencilla y honesta; y alentar al niño a hablar acerca de la persona que murió y de sus sentimientos.

Acompañar a un niño en duelo significa ante todo no apartarle de la realidad que se está viviendo, con el pretexto de ahorrarle sufrimiento. Incluso los niños más pequeños, son sensibles a la reacción y el llanto de los adultos, a los cambios en la rutina de la casa, a la ausencia de contacto físico con la persona fallecida…, es decir, se dan cuenta que algo pasa y les afecta.

Solamente en el caso de muertes repentinas e inesperadas, sería aconsejable (aunque no siempre posible) apartar al niño durante las primeras horas. El niño puede y debe percibir que los adultos están tristes, o que lloran, que lo sienten tanto como él, pero evitaremos pueda presenciar escenas desgarradoras de dolor y pérdida de control de los adultos. No es aconsejable decir delante del niño cosas como "yo también me quiero morir" o "¿Qué va ser de nosotros?"

¿Cuándo y cómo dar la noticia?

Aunque resulte muy doloroso y difícil hablar de la muerte con el niño, es mejor hacerlo lo antes posible. Pasadas las primeras horas de mayor dramatismo y confusión, buscaremos un momento y un lugar adecuado y le explicaremos lo ocurrido con palabras sencillas y sinceras. Por ejemplo, podemos decirles: "Ha ocurrido algo muy triste. Papá ha muerto. Ya no estará más con nosotros porque ha dejado de vivir".

Procuraremos hacerlo con pocas palabras. Por ejemplo: "Ya sabes que ha estado muy muy muy enfermo durante mucho tiempo. La enfermedad que tenía le ha causado la muerte" El niño puede tener miedo de morir ante cualquier enfermedad banal, por lo que es importante recalcarles que las personas sólo se mueren cuando están muy muy muy enfermas, y tienen una enfermedad que muy poca gente tiene. Es caso de accidente, podemos decir que quedó muy muy muy malherido, que los médicos y las enfermeras hicieron lo posible para "arreglar" el cuerpo, pero que, a veces, está tan herido o enfermo que las medicinas no le pueden curar.

Tampoco se le debe decir que “no está muerto en realidad” no hay cosa más absurda que decirle a alguien que la muerte no existe, cuando acaba de perder a alguien por esta causa. Debemos ayudar a los niños en duelo a expresar sus sentimientos en vez de negar lo sucedido, la muerte debe ser tomada con seriedad, no barnizarlo con trivialidades piadosas.

Si la muerte fue por suicidio, de nada sirve ocultarlo porque tarde o temprano, se acaban enterando por alguien ajeno a la familia. Es mejor pues explicar al niño qué es el suicidio, y responder a sus preguntas. ¿Qué podemos decirles si nos preguntan por qué? ¿Por qué ha muerto? ¿Por qué a mí? Son preguntas difíciles de responder. No pasa nada por decirles que nosotros también nos hacemos las mismas preguntas, o que sencillamente no sabemos la respuesta. Es bueno se sepan que todos los seres tienen que morir algún día y que le ocurre a todo el mundo.

¿Se debe permitir que participe el niño en los ritos funerarios?

Animar al niño a asistir y participar en el velatorio, funeral, entierro… Tomar parte en estos actos puede ayudarle a comprender qué es la muerte y a iniciar mejor el proceso de duelo.

Si es posible, es aconsejable explicarle con antelación qué verá, qué escuchará y el porqué de estos ritos.

No se debe obligar a un niño asustado a ir al velorio o al entierro de un ser querido; sin embargo, el honrar o recordar a la persona de alguna manera, como, por ejemplo, encender una velita, decir plegarias, preparar un álbum de recortes, revisar las fotografías o el contar una historia, puede ser de mucha ayuda

¿Se debe animar al niño a ver el cadáver?

Muchos niños tienen ideas falsas con el cuerpo. Comentarle que el cuerpo deja de moverse del todo y para siempre, deja de respirar, de comer, de hablar, de ir al baño, y no siente dolor. Dejarle bien claro que ya no siente nada; ni lo malo, ni el frío, ni el hambre… Insistir en que la muerte no es un especie de sueño y que el cuerpo no volverá ya ha despertarse. Antes de que vea el cadáver, explicarle dónde estará, qué aspecto tendrá…

Lo ideal es que el niño pueda pasar un rato de tranquilidad e intimidad con el cadáver. Puede pedirse que nos dejen a solas con el niño y que no se interrumpa durante unos minutos.

Si el niño no quiere ver el cadáver o participar en algún acto, no obligarle ni hacer que se sienta culpable por no haber ido.

Si los padres o padre superviviente están demasiado afectados para ocuparse de las necesidades del niño, puede ser conveniente que otra persona (un familiar o amigo de la familia) se ocupe de atenderle y se responsabilice de acompañarle durante estos actos. Es preferible que sea alguien cercano al niño, que le permita expresar sus emociones y se sienta cómodo contestando sus preguntas.

Animarle a expresar lo que siente

Es necesario tomar conciencia de que los sentimientos no son malos hay que aceptarlos y aprender a vivir con ellos, expresándolos, es necesario que los adultos aprendan esto para no cometer los errores del pasado, en la educación de los niños ya que estos crecen escuchando constantemente que no deben expresarse se les enseña a reprimir sus sentimientos con frases como: “haz un lado los sentimientos y se objetivo,” “no expreses lo que siente o se aprovecharan de ti,” “no llores,” No seas tan sensible” etc. Estas expresiones solo complican el desarrollo emocional de los pequeños asumiendo que eso que sienten está mal y deben deshacerse de sus sentimientos.

Aunque no siempre las expresen, los niños viven emociones intensas tras la pérdida de una persona amada. Si perciben que estos sentimientos (rabia, miedo, tristeza…) son aceptados por su familia, los expresarán más fácilmente, y esto les ayudará a vivir de manera más adecuada la separación. Frases como: "no llores", "no estés triste", "tienes que ser valiente", "no está bien enfadarse así", "tienes que ser razonable y portarte como un grande”…, pueden cortar la libre expresión de emociones e impiden que el niño se desahogue.

Tener en cuenta que su manera de expresar el sufrimiento por la pérdida, no suele ser un estado de tristeza y abatimiento como el de los adultos. Es más frecuente apreciar cambios en el carácter, cambios frecuentes de humor, disminución del rendimiento escolar, alteraciones en la alimentación y el sueño…

"Fases del duelo en el niño"



Se entiende que es un proceso mental de separación y pérdida hasta la restauración del sujeto. Los niños experimentan las mismas emociones que los adultos, pero no manejan igual su dolor, las etapas del duelo el niño las desarrolla distinto que el adulto, por esta razón se incluyen algunas sugerencias de acompañamiento por parte del adulto:

1 Negación.- Nos permite amortiguar el dolor ante una noticia inesperada e impresionante; permite recobrarse. Es una defensa provisoria y pronto será sustituida por una aceptación parcial. En los niños puede preguntar reiteradamente dónde está el difunto, cuándo viene a pesar de la explicación brindada, también puede crear una fantasía (al no entender adecuadamente la definición de la muerte; por lo cual hay reiterar la explicación con claridad).

Existen casos donde al parecer el niño no actúa como si nada hubiera pasado, como si no le afectara la perdida, y esto es porque se encuentra en estado de shock, donde su mente huye de las malas noticias; lo que se debe hacer es acompañar al niño que sientan el apoyo, que se sienta comprendido y escuchado, para que logren expresar su dolor. También puede ser útil describir al detalle; cuando uno muere ya no respira, no come, no se mueve, no duerme, para eliminar la fantasía del dormir o que en algún momento regresará.

2. Desorganización.- Es un período de desorganización emocional con la sensación de estar al borde de una crisis nerviosa y enloquecer. Tras aceptar la perdida el nivel de tristeza y el dolor empieza a experimentarse con una mayor intensidad.

Es bueno que los niños no se les aparte del dolor familiar, sin embargo se les puede proteger de ver escenas de desorganización extrema. Es buena idea que participe cuando ya ha pasado la etapa más difícil en el ámbito adulto. A veces los niños tienen (al no tener contacto con sus emociones conscientemente), síntomas somáticos como falta de apetito, problemas de sueño, dificultades en la escuela y ello suele ser temporal, hasta que se asimile y culmine todo el proceso.

3. Enojo.- Se manifiesta con rabia y resentimiento; surgen todos los por qué. Es una fase
difícil de afrontar debido a que la ira se desplaza en todas direcciones, aún injustamente simplemente se siente un enojo incontrolable que se busca descargar en otras persona, culpándolas por la muerte del su ser amado.

Si no se les explica a los niños adecuadamente el niño culpa al muerto de haberlo abandonado, este sentimiento forma un gran resentimiento que es guardado en su interior causando un gran impacto en la psique del menor. Cuando el niño, tiene síntomas de enojo, se espera que lo supere, siempre y cuando lo conecte con los hechos reales de la perdida, en cuyo caso se le acompaña, escucha y se le refleja la verdad, a veces surge la pregunta “porque” y no es negativo mostrar que ni siquiera los adultos tenemos el control y conocimiento sobre las fuerzas de la naturaleza.

En otro caso, puede mostrar conductas violentas fuera de contexto, sugiriéndose atención profesional (si es que el adulto, no puede devolver a niño la posibilidad y libertad de sentirse molesto. A veces los niños no se permiten sentir muchas formas de expresar su dolor porque no están permitidas como norma de comunicación en la familia / donde no se llora).

4. Culpa.- Durante este período el doliente recuerda, con resentimiento, las cosas que se hicieron con la persona, cuando aún estaba con vida. La persona idealiza el pasado y se siente responsable por las faltas, los asuntos no terminados o los errores que se cometieron. A menudo la culpa surge de la creencia de que uno pudo haber prevenido la muerte, o la partida del otro, de alguna manera.

A veces surge en la mente de los niños la fantasía que de haberse portado mejor no hubiese muerto y una variedad de ideas que pueden ser eliminadas explicando los detalles de aquella condición que determinó la muerte y en este caso el lenguaje que usamos debe ser muy claro, debido a que si decimos que enfermo y luego murió, podría asociarse que todo el que enferma puede morir, se debiera decir frases como estuvo gravemente enfermo.
En esta etapa el niño puede busca castigarse a sí mismo por la perdida, cree que es su culpa que si madre o padre ya no estén con él, las actitudes que puede tomar el niño es un auto-castigo sea no comer, golpearse, o simplemente retraerse y alejarse de la realidad

5. Soledad.- En ésta etapa, llamada del sentido de pérdida y de soledad, el dolor que se sufre es el más profundo. El ser plenamente consciente de que una persona vivió y ocupó un espacio a nuestro alrededor, llega a ser abrumador y se acentúa cada vez que los detalles cotidianos traen el recuerdo de ella. Todo el impacto de la muerte o pérdida de la persona se torna una realidad constante, aún si la relación humana fue pobre: algo está ausente; un sentimiento de pérdida se apodera del ánimo del doliente.

El proceso previo a la sanación se ve por el sentir valoración profunda de aquello que antes estuvo allí, de manera que podemos dejar algo en el corazón, como valioso y este sello pasa por esta etapa de tomar el amor de esa persona y sus palabras, honrando su muerte por la fuerza con la que tomamos la vida, “Honro tu muerte con mi vida!¡tomo la vida!, son conceptos que se deben sugerir, cuando ha habido una muerte durante un nacimiento, en un accidente, etc.

En ocasiones cuando no se supera una pérdida en etapa precoz, pueden aparecer síntomas de neuroticismo, conductas desadaptadas, tendencia a la depresión en la vida adulta, rumiación o personalidad suspicaz.

6. Alivio.- Aún cuando su nombre pueda dar un sentido negativo al concepto, lo cierto es que él, o los sobrevivientes, pueden experimentar una sensación de alivio, de una forma u otra. Por ejemplo, si el difunto sufría mucho antes de morir, los familiares sienten consuelo de que ya no sufrirá más; otros sentirán que ya no tendrán que sobrellevar una carga económica fuerte, al no tener que pagar más cuentas hospitalarias, medicinas o médico. A veces el doliente no sabe manejar el sentimiento de alivio que experimenta: se siente ambivalente frente a él. Por un lado se dice: ¿cómo puedo experimentar ahora algo contrario al dolor que he pasado? Es necesario que se dé cuenta de que el sentimiento de alivio es normal en estas circunstancias y que es parte de la realidad que se da en toda la vida humana. En esta línea de acción deben proceder los que están cercan de la persona que atraviesa por esta etapa del duelo.

7. Restablecimiento.- Es la última parte del duelo en este punto se está capacitado para manejar la realidad sin el difunto, desarrolla lentamente, a medida que el doliente aprende a manejar los sentimientos de culpa que tiene y los ensueños van terminando. De esta manera, el doliente vuelve a vivir, ve el futuro con más confianza y seguridad en sí mismo; goza más el presente, y el recuerdo de la persona ida se hace menos doloroso. A medida que se va fortaleciendo y restableciendo de la pérdida, siente que vuelve a nacer con nuevos bríos y nuevas perspectivas. Hace planes de acción y siente que la vida merece vivirse. El niño puede ejercer las funciones académicas, familiares, sociales, etc, de manera conectada y recuperando en sí mismo la imagen de completitud que de antemano percibió debilitada.

Debe comprenderse que las fases no siempre suceden en el orden dado, por eso es importante observar las conductas del niño y así identificar en qué fase se encuentra. Nos es de utilidad saber que el duelo es un proceso a una respuesta natural ante la pérdida de una persona. Esta comprensión les permitirá ayudar al niño desolado a manejar esa dura realidad. En casos de suicidio y condiciones diversas son también recomendados la asistencia del profesional en salud mental correspondiente.

“Duelo"














“No tememos tanto a la muerte como al dolor y al sufrimiento que conlleva. Tenemos miedo al sentimiento que nos dejan los seres queridos, a sentirnos impotentes ante las lagrimas, a no saber qué hacer ante tanto enojo contenido, a reconocer que estamos enojados con el muerto por dejarnos, al ahora ¿qué voy a hacer sin él?”




Castro Gonzales María del Carmen




La muerte es un hecho biológico, pero también tienen aspectos sociales, culturales, históricos, religiosos, legales, psicológicos, médicos y éticos que a menudo están estrechamente relacionados.




Aunque la muerte y la pérdida son experiencias universales, tienen un contexto cultural. Las actitudes culturales y religiosas hacia la muerte y la agonía afectan los aspectos psicológicos y del desarrollo de la muerte: como enfrentan personas de diferentes edades su propia muerte y la muerte de quienes los rodean.




Sigmund Freud (1917/1957), afirmaba que el sufrimiento de la persona en duelo es debido a su apego interno con la fallecida. También sostenía el objetivo del duelo es separar estos sentimientos y apegos del objeto perdido. Como resultado de un proceso de duelo, el “yo” queda liberado de sus antiguos apegos y disponible para vincularse de nuevo con otra persona viva. Es un trabajo doloroso que requiere su tiempo.




Para poder ayudar a un niño a superar la pérdida es necesario que se entiendan ciertos conceptos que llegan a confundirse o utilizarse como sinónimos:




Aflicción.- Corresponde al sentimiento de pérdida y vacio provocado por algo que fue y que ahora ya no es.




Luto.- Del latín lugere= llorar. El luto es la respuesta social; ante la pérdida; corresponde a los rituales o signos externos del comportamiento social que marca la conducta que ha de seguirse.




Al ser humano le duele lo que ama, y cuando pierde ese objeto o sujeto de su amor, elabora un proceso doloroso, el duelo duele, por lo tanto la manera de salir de él es viviendo ese proceso, no evadirlo sino enfrentándolo.




El proceso de duelo, cumple diversos objetivos entre los que están:




1. Aceptar la realidad de la pérdida




2. Dar expresión al propio duelo: la consciencia, la comprensión, la aceptación, la expresión, la integración.




3. Adaptarse al ambiente en el cual el difunto ya no está presente: la consternación y el abatimiento que acompañan a una pérdida significativa son reacciones comprensibles, pero el apartarse del mundo, no beneficia en absoluto. Se deben afrontar los retos que se planteen en una vida distinta.




4. Invertir la energía emotiva en otras relaciones




5. La superación del duelo; en general, se puede afirmar que se ha superado el duelo cuando existe la capacidad de recordar a la persona amada sin llorar ni desconcertarse y cuando se es capaz de establecer relaciones nuevas y de aceptar los retos de la vida.




En un sentido más amplio podemos entender el duelo y procesos de duelo como el conjunto de representaciones mentales y conductas vinculadas con una pérdida afectiva.




En el duelo normal que puede durar entre uno y dos años, es frecuente que persista una sensación de que el muerto está presente, una intensa sensación de soledad que nadie puede mitiga, se da un aislamiento social ya que la persona se siente incomprendida pero se puede aliviar con la compañía y una relación compromiso que brinde seguridad.




El duelo patológico o anormal, se caracteriza por la intensidad, un dolor que le impide vivir su vida cotidiana, frustración, enojo, no acepta ayuda de nadie, un dolor no expresado, un total aislamiento, incluso el rechazo de los hijos (si los hay) ya que son un recuerdo constante de la perdida; y sobre todo ya que en algún momento de un duelo normal se pueden presentar las características anteriores, lo determina la duración, si un duelo excede el tiempo de 2 años ½ y la persona sigue llorándole al muerto con mucha frecuencia es considerado anormal.




El duelo normal es dividido a su vez en dos duelos, el primero es el duelo racional es la aceptación intelectual, el aceptar que nuestro ser querido ha muerto y no lo volveremos a ver con vida. Todos sabemos que algún día moriremos, que es un proceso natural, la consecuencia final de la vida. El conflicto al que enfrentamos al elaborar este duelo es las personas prefieren evitar este tipo de temas, será que piensan que “tal vez si no se habla de la muerte si no la mencionamos permanezca alejada de nosotros y de nuestros seres queridos” pues no es así en realidad esto solo lo hacer más complicado.




El duelo emocional es mas difícil de procesar, porque los sentimientos que se viven son desagradables y nos obligan a enfrentar la verdad; por eso preferimos escapar, buscar la manera de deshacernos de ellos. Se nos olvida que las emociones y sentimientos necesitan ser liberados, si los retenemos nos oprimen, nos limitan, nos impiden seguir adelante. Recuerda “Lo que le da poder al ser humano es el conocimiento, por tanto, lo que nos de poder sobre nosotros mismos es el autoconocimiento. Si logramos darnos cuenta de que es lo que estamos sintiendo, lograremos aceptar y elaborar un duelo sano”.




Este proceso no se puede comprender racionalmente, ya que lo que predominan son los sentimientos; lo que tenemos que hacer es aceparlos y reconocerlos, para hacernos más fuertes. Una enseñanza importante que nos deja el contacto cercano con la muerte y el sufrimiento es el valorar más la vida, pues el saber que somos finitos que no disponemos de todo el tiempo tenemos a disfrutar más la vida. Un ser humano que nunca ha experimentado ninguna clase de dolor tampoco será capaz de ser feliz ya que jamás tendrá un punto de comparación.




El dolor y el sufrimiento nos hacen más fuertes, capaces de superar los obstáculos, nos da energías, nos invita a actuar, a vivir ya que tenemos poco tiempo, no solo nosotros sino también las personas a las que amamos.




Tanatología este término viene del griego thanatos= muerte y logos = estudio o tratado. Es el estadio interdisciplinario del moribundo y de la muerte, especialmente de las medidas para disminuir el sufrimiento físico y psicológico de los enfermos terminales, así como la aprehensión y los sentimientos de culpa y perdida de los familiares.”




La muerte significa algo diferente para cada persona y en este caso la tanatología ayuda a decidir al moribundo como quiere vivir sus últimos días y como quiere morir. Y apoya a la familia en la aceptación y proceso de duelo.




No hay sola forma de ver la muerte a cualquier edad; las actitudes de la gente hacia ella reflejan su personalidad y experiencia, así como que tan cerca cree que esta de morir.




Los cambios típicos en las actitudes hacia la muerte a lo largo del ciclo de vida dependen del desarrollo cognoscitivo y del momento normativo o no normativo del evento.